martes, 29 de marzo de 2011

Tú hijo de puta.

- ¿Con esa cara de loco apareces otra vez por el pasillo? Mira tus ojos desorbitados, de caballo desbocado, espumilloso de lava inyectada, miras después de mi hombro; ¿Buscas algo detrás de mí? Mírame por una vez, ¿no?, cobarde.

- Tú sabes porque hago esto, así que déjame tranquilo.

Desde que siento esos rayos punzantes por dentro ¡AQUÍ DENTRO!, es lo único que necesito… si te miro siento vergüenza, asi que no hagas esto mas complicado de lo que es, “cuando quiera se ira”.

El tío que esta dentro de mi, no me dice nada, ¿sabes? Se calla. Y me habla locamente de los ríos de mis venas, como los ve fluir contenidos o descontenidos en cascada carmín.

Y se ríe de mi, con esa sonrisa tan asquerosa, desde abajo teniendo en cuenta que lleva allí ya tiempo, se siente seguro el muy cabrón. Yo lo no lo veo, no lo he visto nunca. No sé como es, pero me encantaría conocerle de cerca, de sentirle respirar por mi cara, tenerlo enfrente y meterme tanto en él, agarrando con los brazos su esternón y haciendo tanto hueco como necesite a la hora de introducirme con todo mi cuerpo.

Me aúlla cuando no se siente sereno.

Me araña cuando se desquicia, pero ¡NO SE EXPLICA! No sé, qué quiere.

Le gusta engañarme.

Seducirme e intimidarme.

- Así amigo, es como intimamos, ¿cómo voy a saber que hace en mí, si no me sitúo en este estado? No me entiendes. Es necesario.

La nube en la que se convierte la mente. Desarrolla lo que soy, y no este cuerpo agujereado. ¿Para que sirvo ya si no estoy así?

¡Es necesario! ¡Tengo que matarlo!

- Antes eras mi hermano, ahora no se quien se metió dentro. Pero menudo hijo de puta. Tengo que seguir con mi vida. Y ojala un día te lo encuentres respirando en las ondas de tus labios.

1 comentario: